miércoles, 13 de marzo de 2019

DHIALA, la que volvió de sus muertes.

DHIALA, la que volvió de sus muertes.
Se arrastró hasta el ventanal. Corrió las cortinasl como acostumbraba hacerlo los dí
as de lluvia.
No se asombró de los ajusticiados sino de la presencia de esa mujer irreal, apenas cubierta
con un taparrabos y su torax desnudo. Su sonrisa de muchacha enamorada parecía burlar
el puñal que parecía crecer en su mano.
- Cómo es ?- interrogó una voz sutil, demasiado sutil para que no fuera de niña.
- Estos no son tiempos heroicos...apenas debe ser un sueño triste.
- No, amigo, estos son tiempos heroicos.
El niño se arrastró hasta el espejo y la miró desolado{
- Ella no puede ser real, aunque...- y calló encajonado en un sollozo.
La niña dejo escapar una risita cosquillosa
- De que te ríes Seyna- preguntó el niño.
- De tu candor- respondió la niña y comenzó a arañar el interior del espejo como una gatita
juguetona.
- Supongo que crées que esto es un sueño y te burlas de mí. Siempre te burlas de mí
- No, amigo Soy tu duende, la que te susurra en las vigilias, te canta al amanecer, y a plena
luz del amanecer te desencanta de tus tribulaciones.
- Sabes que sacrifican niños como manera de sometimiento a nuestra nación...
- Si, hermanito, pero ha llegado ella---
- Quién es ? Qué es ?
- Dhiala, la que vuelve de sus muetes. Tú lo hiciste posible.
- No , amiga, ella es irreal como tú eres irreal.
- Calma, hermanito Una noche romperé el cristal de este espejo y saldré a la calle.
- Tu eres un sueño...
-...hecha por un niño mutilado en edad de volar.
El niño se puso a llorar..

A LA VENUS DE LO MEDANOS

A LA VENUS DE LO MEDANOS
No fueras desamor, amiga, hermana mía.
En el adios no hubo las súplicas del habla
Los labios como anclas se unieron al espejo
en donde ya nada era sino una lluvia aleve.
Tus lágrimas tenían euforia de arcoiris.
Y dije: Volveré.
Reías y llorabas como una melodía
que surgió de tu cuerpo auspiciando el regreso.
No fueras desamor, amiga, hermana mía.
De tus besos yo hice mi sendero sin término
y de tus muslos páginas llamadas a volar.
Tus manos recorrían con su mansa armonía
caracoles marinos y alas de gaviotas.
Navegamos atajos como dos animales
en un erial en llamas.
Y yo, pastor de besos, recorría la insomne
latitud de tus senos como si me muriera.
No fueras desamor, amiga, hermana mía.
Sendero del adios parecía la suave
ensoñación que hería la nave de tu pubis.
Y era sólo éso, un sendero por donde
la soledad acampa y el desamor se aduenda.
No fueras desamor, amiga, hermana mía.
No fueran lo que callan los que no son amados.
No fueran los que oran en la cruz de sus cuerpos.
No fueeras los que callan para ser olvidados.
NÉMESIS II
Que se me dio nacer insomne como un árbol
aturdido de luz, de alas percudidas, de los dados del búho,
de muslos que se aprietan a las ruinas del habla
cuando cada palabra se esconde de si misma.
Qué soy, qué eres en este insomnio amargo ?
Toda la soledad de los que no se mienten ?
De aquellos que aun aran con sus cuerpos el reloj de la espera ?
Anda la noche en sus números falsos.
Anda la herida con sus dioses por duendes.
Anda la soledad deshabitando besos.
Ven muerte, interminable.
Besa mis labios y rompe mis espejos.
Ven, sierva de la nada, muerde mi sed confesa.
Tómame,, estoy apalabrado.
Deja que los candados se herrumbren en mis alas.
Ven, compañera, con tus jaulas piadosas
sin piedad de mis sueños.
Ven ahora, si estoy a solas, desnudo como un trueno,
sin nada que decir.
Te besaré en la frente como se besa un ave
que agoniza en tus manos.
Me crearás la ausencia, un hijo sin presente,
una mujer que pare su sombra y su pasado
como si fuera lluvia, una frase austera que quedará temblando
de las ramas del cielo.
Amor, enamorada, hermana mía,
tómame como al silencio que pronuncian tus labios.
o o o
Este poema dedico a mi amiga Sofía Rodriguez Garcia, gran poeta colombiana y actriz que me ha permitido hacer uso de su imagen en una performance de un poema.

NÉMESIS III

NÉMESIS III
Escribe vasta edad en los senderos del celo umbilical.
La noche se despoja de su sabia mortaja
y deja caer los sueños como palabras huecas
aunque nadie lo sepa, aunque aceche la muerte.
Acomete vasta edad este silencio,
sigilo de las dudas que arañan los espejos,
coartada de los sexos que se buscan a oscuras
con resabios de barcos caídos en desgracia.
Un dios interminable se deshace en tu aroma
y habla con tus manos, con tus pies, con tus dudas.
Un ángel disoluto me agrede con tus besos
y hace sementeras de luz en cada cosa.
Mi amor, mi desamor, piedra del arco iris,
desencanto de orillas y orilla del deseo,
eco multiplicado con sus senos insomnes,
mujer interrumpida en su asombro y su celo.
Hay olas en tus labios que traen transparencias
de naciones perdidas en otras vastedades.
Hay las mitologías que descienden del polvo
y hacen sus anillos cuando cae la noche.
Tu cuerpo de arco iris lo sabe a cada instante
en tu ramo de sed y de copas sedientas.
Tu cintura se anilla a los vientos salvajes
para invocar un hijo que parpadea en mí.
Escribe, vasta edad en los senderos
del celo umbilical que nos pronuncia
y deja caer los sueños como palabras huecas
aunque nadie lo sepa, aunque aceche la muerte.
Dedicado a mi amiga Sofía Rodriguez Garcia
poeta colombiana que me permite utilizar su imagen para mis poemas.
Nahuél Ceró

NÉMESIS IV

NÉMESIS IV
Una dialéctica del hambre,
una dialéctica del infortunio programado,
una dialéctica de la paz ametralladas,
una dialéctica del desamor como medida.
Qué nos parió de pronto para multiplicar la espera,
la sumisión de niños encajonados en un presente adrede,
en la saga del mísero que se ofrenda a la muerte
como si fuera un rayo después de la tormenta ?
La muerte se pasea como una bestia apátrida.
La miseria redunda en cada ojo que se mira por dentro
para entender aquello que no quisiera ver ,
para rodar en hordas mordiendo sus preguntas.
La muerte se provee de la fe del iluso,
la muerte resucita en los salmos del viento
y litiga en las sombras que nace de un arado
que despidió su filo en huesos del espejo.
Escucha enamorada de labios enlutados,
la muerte viene a dar portazos en el vientre,
a morder cada página que surge de tu cuerpo
como nuevas banderas que no quieren rendirse.
Esta nación de tréboles que deshoja la ira
se levanta en mis brazos como una niña herida
y me pide que grite a pesar de la muerte
que viene a darnos tregua para seguir muriendo.